2/12/13

Deseos


Cuando era niña le gustaba cubrir con la mano
el cristal de la linterna y mirar a contraluz el
borroso perfil de los dedos, de un rojo acuoso, los
quietos huesecillos como crisálidas, la seda blanca
de la piel. Constantemente aquel deseo de que la
luz atravesara su carne y le llegara muy adentro
del corazón, como si ella, toda entera, fuera un farolillo chino de
suave papel. Con los años entendió, sin embargo, que
siempre es de noche en el centro de la rosa.

Genma Gorga

Imagen : Marcy Cichino

1 comentario:

Carmen Forján dijo...

Es verdad, cuanto más adentro menos transparentes somos. Una especie de duro cristal opaco impide la visión de nuestro interior incluso a nosotros mismos...
Besos,