13/7/15

Conversacion


Cuarenta años habían vivido juntos
y el lenguaje se había ido haciendo más difícil de entender
al principio habían sabido algunas palabras
luego se fueron contentando con movimientos de cabeza:
cama y comida.
Durante cuarenta años se las arreglaron así en su vida diaria.
Sus rostros fueron adquiriendo calma, la de las piedras.Pero alguna vez aparecía un intérprete ocasional:
un gato, una puesta de sol extraordinaria.

Escuchaban con un destello de inquietud
trataban de contestar
                                  eran ya dos mudos.

Solveig von Schoultz