27/2/11

En una de esas tardes



En una de esas tardes

sin más pintura que la de mis ojos,

te desnudé

y el viaje de mis manos y mis labios

llenó todo tu cuerpo de rocío.

Aquel mundo amanecido por la tarde,

con tantos episodios sin historias,

fue silenciosamente abanderado

y seguido por pueblos de ansiedades.

Entre tu ombligo y sus alrededores

sonreían los ojos de mis labios

y tu cadera,

esfera en dos mitades,

alegró los momentos de agonía

en que mi vida huyó para tu vida.

Estamos tan presentes,

que el pasado no cuenta sin ser visto.

No somos lo escondido;

en el torrente de la vida estamos.

Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí

toda el agua que va rumbo a tus cántaros.

Tu nombre, tu alegría…

Nadie lo sabe;

ni tú misma a solas.

Carlos Pellicer

Imagen:Emilia Castaneda

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