14/9/15

Camiano entre rostros

Por el mundo camino entre los rostros 
buscando el tuyo,

entre sombras que no hace tu cuerpo,

entre besos que no ofreces,

bajo nubes que no te acompañan;
y cuando abro los ojos

al despertarme 
es como si me hubiese caído de la tierra.
Carilda Oliver
Imagen :James Maher

12/9/15

El aire de Paris


Hay electricidad en el aire de París en los atardeceres de octubre, a la hora en que va cayendo la noche. Incluso cuando llueve. No me entra melancolía a esa hora, ni tengo la sensación de que el tiempo huye. Sino de que todo es posible.
Patrick Modiano

Imagen: Odel

7/9/15

El Refugio


Sí, aquella librería no fue sólo un refugio, sino, además, una etapa de mi vida. Muchas veces me quedaba hasta la hora de cerrar. Había un asiento junto a las estanterías o, más bien, una escalerilla de cierta altura. Me sentaba en ella para hojear los libros y los álbumes ilustrados. Me preguntaba si el dueño era consciente de mi presencia. Al cabo de unos días, sin dejar la lectura me decía una frase, siempre la misma: ¿Qué? ¿Encuentra algo que la haga feliz?".
En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano

4/9/15

Entresuleo


"Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos
y mis ojos dentro de su mirada.
Nos hemos muerto muchas veces
al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su nombre,
sus labios, su transparente falda.
Tiene los pechos dulces, y de un lugar
a otro de su cuerpo hay una gran distancia:
de pezón a pezón cien labios y una hora,
de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas.
Yo la quiero hasta el fondo de los abismos,
hasta el último vuelo de la última ala,
cuando la carne toda no sea carne,
ni el alma sea alma.
Es precioso querer. Yo ya lo sé. La quiero."



Jaime Sabines
Imagen.:Santiago Carbonell

1/9/15

Los cuerpos celstes

“El frío de la noche enardecía nuestros abrazos, los suspiros se estrellaban en el edredón, y ante mí se agrandaban aquellos ojos apenas perceptibles, la nariz que se frotaba contra la mía. En medio del silencio nos susurrábamos promesas increíbles, niñerías absurdas, declaraciones tópicas de puro repetidas que reverberaban en múltiples vibraciones, y el tiempo se nos iba en hacer y deshacer la cama. La hice para ella alguna vez, tras descubrir un juego de sábanas de vete a saber tú de quién habría heredado, y le enseñé lo que era un embozo, algo desconocido en aquella tierra tan amiga de los edredones. Opinó que aquello era como un sobre, un sobre diseñado para guardar tesoros. Yo era un tesoro, supongo, desnuda y pura como un recién nacido, acogida en la frialdad y la blancura de las sábanas, en un útero de tela, y ella compartía conmigo aquel refugio, patinando hacia mí a través de la llanura de hielo resbaladizo que era la ropa de cama que yo había tendido y estirado. Deslizándose en mi búsqueda, chocaba en lo oscuro, de pronto, y yo sentía su piel en contacto con la mía. Brotaban chispas eléctricas. Ella susurraba arrastrando las palabras con su voz anaranjada y me contaba las cosas que iba a hacer conmigo. Me hacía reír y mis gorjeos rebotaban en la bóveda de lienzo que me cubría entera. Y entonces sentía como entraba en mí, un ataque luminoso que alumbraba las sábanas. Buscaba con mi lengua la huella de su lengua, hundida en mis salivas.”
Lucía Etxebarria-Beatriz y los cuerpos celestes